Más de mil escolares vieron “El Botón de Nácar” en su segunda semana en cartelera

Durante su segunda semana en exhibición, el documental llevó a 800 espectadores en salas comerciales. Por otro lado, en espacios culturales y bajo la gestión del Programa Escuela al Cine, y en colaboración con la distribuidora Market Chile, cerca de 1100 escolares vieron la película. Durante noviembre, se espera que al menos 400 escolares aumenten esta cifra con las funciones que el programa tiene organizadas en Valparaíso y Rancagua.

Más allá de los números ¿Qué ocurre cuando un grupo de jóvenes sale del colegio con sus compañeros y profesores, toman un bus para ir al cine, algunos por primera vez y no solo ven la película, sino que al final, pueden conversar sobre ella?

En general, esta actividad finaliza con una conversación con los propios directores, guionistas o productores de las cintas, en este caso se vio dificultada pues parte importante del equipo de producción de la película vive en Francia al igual que su director, el chileno, Patricio Guzmán. Sin embargo, en Valdivia los alumnos tuvieron la oportunidad de conversar con el productor local Fernando Lataste, y los de Santiago con uno de los personajes del relato cinematográfico, el periodista Javier Rebolledo.

El documental ha tenido una gran acogida de la crítica y el público, y aunque siempre hay detractores, es difícil negar que es una obra de calidad, que cuenta de una manera muy bella un periodo real y doloroso de la historia país.

En términos concretamente pedagógicos, la película puede tener una función educativa. A través de ella se aprende sobre la cultura Selknam, el trabajo que con ellos hizo la fotógrafa Paz Errázuriz, la interpretación de Gabriel Salazar sobre momentos complejos de la historia de Chile -que nos toca hasta el día de hoy-  y a su vez, la visión poética de este proceso través de Raúl Zurita o del mismo Patricio Guzmán, gracias del relato que construye y las imágenes que presenta.

Es una obra que invita a pensar. Esto, sumado a una experiencia colectiva, moviliza cosas. Por paradójico que parezca, en el entorno escolar hay contenidos que pueden resultar difíciles de procesar. Por otro lado, la función esencial del educador – que va más allá de entregar contenidos- se torna compleja, sobre todo en contextos hostiles de lejanía o precariedad.

“Es súper relevante para la formación de los alumnos porque en general se tocan temas valóricos y  de interés que a veces no aparecen en el curriculum de clases. Lo que más se valora es el hecho de asistir a una sala acondicionada, la experiencia de enfrentarse a una proyección, eso es inolvidable para ellos, porque no lo hacen frecuentemente, es gratis y se les exhibe producto alto contenido. Recuerdo un vez que fuimos a ver una película y una alumna se me acercó para plantearme su inquietud sobre la maldad humana y fruto de ello, se ofreció a hacer una investigación extra porque el tema le parecía relevante. Yo la apoyé y salió una investigación bastante buena”, cuenta Ramiro Salgado, profesor a cargo del cineclub escolar del Liceo Bicentenario, de Valdivia.

165 escolares en Chillán, 393 en Puerto Montt, 336 en Valdivia y 205 en Santiago concurrieron a las salas de cine del Centro de Extensión de la Universidad del Biobío, del Teatro Diego Rivera, del Cineclub de la Universidad Austral y de la Cineteca Nacional, respectivamente, para ver y comentar “El Botón de Nácar”. Según su propio director,  una película “que resuelve tres interesantes misterios: cómo conocer los cometas que trajeron los mares a la Tierra, una visita a los hombres mágicos que vivían en el sur de Chile y una manera de saber por qué se esfumaron 1.400 personas un poco más arriba «.

Esta es la sexta película chilena a la que asisten escolares de distintas regiones de Chile gracias a la gestión del Programa Escuela de la Cineteca Nacional. En el transcurso del año han ido a ver los estrenos documentales Escapes de Gas, Habeas Corpus, La Once, Genoveva, Allende mi abuelo Allende, gracias a la colaboración de Miradoc.

La actividad se enmarca en un plan que ejecuta el Programa Escuela al Cine, coordinado por Carola Leiva y que lleva dos años trabajando al alero de la Cineteca Nacional, con el financiamiento del CNCA, para acercar el cine como arte y disciplina a los escolares chilenos.  Este consiste en, primero, formar profesores en la “apreciación cinematográfica y la creación de cineclubes escolares” a través de un curso online gratuito que se ofrece año a año. Para aprobar este curso los profesores deben mantener un cineclub en sus colegios. Por su parte, cuando el cineclub ya está constituido,  el programa Escuela al Cine les provee material pedagógico afín, como fichas educativas (1) y otras publicaciones, invitaciones al cine a ver estrenos nacionales para ellos y los alumnos y profesores del colegio que quieran asistir, entre otros beneficios.

“Yo converso con los profesores, ellos me cuentan hasta las cosas más domésticas de las realidades de sus colegios. Se sienten muy acompañados y respaldado por nosotros, el hecho de llevar una película al sur de Chile,  lo valoran mucho. Pero no solo ellos se sienten valorados, sino que nosotros sentimos una vuelta de mano, cuando viajan más de una hora en bus con sus alumnos para ir a ver la película, o ellos mismos buscan películas para mostrarlas en el cineclub, o buscan información sobre la realización para que los alumnos hagan videos”, cuenta Antonio Machuca, coordinador académico del programa y destaca: “para los chicos ha sido un descubrimiento, no solo como espectadores, sino que se dan cuenta que a uno le gusta la dirección a otros la cámara o actuar, o si les gusta la computación, se van por el lado del montaje. Una chica se me acercó en la función de Puerto Montt, era de otro colegio, no de un cineclub, y me dijo que quería ser cineasta, y que quería participar de la experiencia de los cineclubes escolares, entonces ahí mismo, la puse en contacto con Karin Oyarzo, profesora cineclubista del colegio Bosque Nativo y acordaron que empezará a ir a las sesiones que restan de este año”.

Más allá de los números, que son importantes para la industria cinematográfica local,  es  necesario observar el  potencial movilizador de esta experiencia. Lo estimulante que resulta ver y pensar sobre una película y los temas que propone, o indagar en la fuerza poética de las imágenes o profundizar en el cine como oficio, como arte y como conocimiento e identificarse con eso gracias a una obra local, hablada en tu propio idioma y que cuenta un poco de tu historia y la de tus compañeros.


(1) Ver Ficha Educativa del «El Botón de Nácar»

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