Experiencias concretas de inserción del cine en la escuela: Priscila Canto

AÑORANZAS

El siguiente texto, corresponde a la ponencia presentada por la profesora Priscila Canto, del Colegio Teresa de los Andes de Algarrobo, en el Encuentro «Enseñar cine en la escuela: Saberes, desafíos y experiencias», en enero de 2017.

Como profesora de Filosofía, procedente de la vieja escuela (esa, en donde la clase es frontal y el profesor el experto), la pregunta que constantemente me rodea es ¿Cómo hacer que mi asignatura sea atractiva para mis estudiantes? ¿Cómo motivarlos a mirar con un nuevo prisma la sociedad que formamos, uno de los fines últimos de la Filosofía? Pues bien, buscando nuevas estrategias metodológicas, el cine aparece como una herramienta no sólo estética, sino también identitaria, que posibilita abordar diversos temas que permiten adentrarse a la reflexión crítica, y con ello, a la Filosofía. Por supuesto, esta motivación está trazada por mi propio gusto por el cine. Además de querer compartir con ellos y ellas, mis propios gustos e intereses, también vivenciar esta experiencia colectiva-solitaria que se genera al momento de compartir y generar comunión cuando se es espectador.

Desde la posibilidad de implementar un taller de cine al interior de nuestro colegio, los objetivos se volvieron variados, ello presa del entusiasmo. Sin embargo, el primero de ellos, está relacionado con el desarrollo directo de los estudiantes, como espectadores activos, críticos y reflexivos. Capaces de establecer un diálogo con aquella obra que ve, generar ideas propias y nuevas, desde una propuesta estética. Además de acercar a los y las estudiantes al lenguaje audiovisual, entregar herramientas nuevas, las cuales permitan a ellos y ellas, aproximarse al conocimiento de una forma menos formal; generar nuevos espacios de convivencia, y por último, instalar espacios en los cuales los y las estudiantes puedan explorar diversos lenguajes y descubrir intereses o talentos.

La estructura del Cineclub Escolar, permite una multiplicidad de formas de trabajo, por ello, nuestro taller versó, desde el conocimiento general entorno al lenguaje cinematográfico, el uso de signos y símbolos, además de conocer los aspectos técnicos básicos. Junto a ello, se visionaron diferentes películas nacionales.  La forma de organizar el cine club, estuvo condicionada por situaciones escolares internas, por ejemplo, no contar con horas específicas para su realización, ni el espacio físico, o las condiciones técnicas. Por ello, una de las asignaturas a mi cargo dentro del plan diferenciado de Filosofía para enseñanza media, “Argumentación”, fue considerado el espacio oportuno para poder ejecutar el taller. Pareció pertinente, considerando que toda realización audiovisual presenta en sí misma, una tesis que él o la realizadora presenta a sus receptores, y estos, a su vez, deben ser parte de este dialogo, tanto con la obra como con su autor. De este modo, los y las estudiantes, trabajaron uno de los objetivos de este taller, cual es, desarrollarse como sujetos críticos frente a la obra, como dialogantes con las ideas que ven en la gran pantalla. Así, fue posible, desde las herramientas cinematográficas, trabajar de manera transversal los objetivos de la asignatura. Surge entonces una relación virtuosa entre los elementos propios de la argumentación, en términos formales, y los aspectos cinematográficos que planeta el cineclub como objetivos macro.

Por otro lado, esta experiencia con un grupo pequeño de solo 22 estudiantes, se presentó como ideal para incluso realizar una investigación que nos diera luces sobre el cómo aprenden nuestros jóvenes. Así, mientras realizábamos el trabajo propio del taller, se les solicitó que realizaran diferentes test sobre estilos de aprendizaje. Se les aplicó el test de Inteligencias Múltiples de Gardner, test de Kolb, test de cuadrantes de Hermmann y el cuestionario Honey-Alonso de Estilos de Aprendizaje, conocido como Chaea. Los datos obtenidos, generaron un impacto directo en el desarrollo y transcurso del taller. Los primeros trabajos audiovisuales que el grupo realizó, fue organizado en diferentes equipos, agrupados por afinidades y amistad. Luego el análisis de los datos que los test nos entregaron, la conformación de equipos estuvo de acuerdo a la potenciación de los estilos de aprendizajes.  Ello significó que los grupos ya no estuvieron conformados sólo por razones de amistad, sino potenciando las habilidades marcadas que los datos de los test nos permitió utilizar.

La calidad de los trabajos por cierto mejoró considerablemente, la organización interna de los equipos resultó de manera fluida, los y las estudiantes lograron llegar a acuerdos de manera mucho más rápida y sin conflictos. Primó el trabajo eficiente, con menos estrés y con mayor alegría. Distribuyeron las responsabilidades sin problemas y los resultados finales los dejaron conformes. Seguido de ello, al momento de realizar las evaluaciones pertinentes al desarrollo del trabajo, dejó relucir la importancia que significó para ellos y ellas, conocer sus estilos de aprendizaje, y las repercusiones que ello significa al momento de enfrentarse a cualquier situación formal de aprendizaje, dentro de un contexto escolar.

Por cierto, ello significó logros, pero lo más relevante ha sido sin duda, la participación de los estudiantes. Desde la disposición positiva cuando se les planteó la idea de alterar metodológicamente su asignatura; entender los grados de dificultad que significa el trabajo artístico; la necesidad de trabajar en equipo y la generación de grupos de trabajo comprometido. Además de descubrir sus propios talentos. Algunos estudiantes descubrieron, al realizar sus propios trabajos audiovisuales, que tenían o no facilidad para ello. Por ejemplo, descubrimos un par de jóvenes que tienen efectivamente una visión estética que les resultaba muy natural, pero al adentrarse a la formalidad del trabajo y los códigos, reconocieron en sí mismo, facultades de realizadores y actores. La habilidad de dirigir un grupo de trabajo, y plasmar una idea desde un nuevo lenguaje. Por otro lado, algunos y algunas estudiantes descubrieron que pueden ser espectadores críticos, capaces de escribir ensayos interpretativos, aun cuando no necesariamente disfrutaran del realizar trabajos audiovisuales. Ello, resulta positivo, considerando que logran visualizar efectivamente, donde radican sus intereses y habilidades.

En otro punto, las dificultades han sido, principalmente, los tiempos para concretar el taller. Por ello, tuvimos que resolverlo modificando una asignatura, como lo comenté más arriba. Ello de igual manera nos dio resultados, sin embargo, significó limitar la participación a un grupo limitado de estudiantes. Nos enfrentamos también a dificultades técnicas, pues nuestros computadores impedían utilizar programas de edición, por ello, ese fue un aprendizaje que tuvimos que delegar a los propios estudiantes. Quienes se sintieron especialmente motivados, lo realizaron sin problemas.

A pesar de ello, los resultados han sido amplios y diversos, todos positivos. Por una parte, en lo referido a la formación de espectadores, ya no solo “ven una película”, sino que son capaces de realizar un diálogo con la obra en cuestión, han logrado ser sujetos activos frente a la propuesta del realizador, han sido capaces de escribir ensayos de buena calidad, y ahí hemos resuelto los objetivos propios de la asignatura. Por otro lado, han descubierto intereses, la complejidad de realizar un trabajo en equipo, y la ardua y tediosa labor que implica la realización cinematográfica. Las largas jornadas de trabajo, para conseguir, por ejemplo, una realización de solo cinco minutos. Además del fortalecimiento de autoestimas y la consolidación (o no) de amistades. Personalmente, logré conversar con estudiantes con los cuales nunca logré anteriormente generar diálogos espontáneos. Esta vez sí ocurrió.

Creo que es nuestro caso, la motivación fue atravesada por dos factores: el primero, hacer algo diferente, que saliera del contexto habitual de nuestras prácticas, que suelen ser las clases expositivas, poder moverse, reír, hablar, exponer sus ideas, en definitiva, cambiar la rigurosidad del aula, por la actividad, la fluidez de las ideas y el compañerismo. Por otro lado, el entusiasmo de esta profesora, sin ello, sin la motivación que corre por nuestra cuenta, los estudiantes no se ven empujados, influenciados a correr el riesgo.

Podría decir mucho más, no cabe en estas pocas palabras y minutos, lo enriquecedor que ha resultado participar de la Red de Cineclubes. Ha movilizado a los estudiantes, pero también a nosotros, los adultos que estamos a cargo de la planificación de los procesos y gestión de enseñanza aprendizaje. Correr el riesgo, atreverse a experimentar con nuevas formas de trabajo ha resultado virtuoso.  El uso del cine en la escuela, permite enfrentar al estudiante con él mismo, con la experimentación de emociones nuevas, con la posibilidad de reconocerse, identificarse y vincularse con aquello que siente lejano. “Ver una película”, ha dejado de ser una mera relación comercial, sino un espacio activo relacional de diálogo, que ha permitido expandir el mundo.

 

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