Cortometraje Alas: el cierre de ciclo del cineclub del Liceo Domingo Herrera Rivera de Antofagasta

La creación del cortometraje Alas del cineclub del Liceo Domingo Herrera Rivera de Antofagasta es la conjunción de múltiples factores. El triunfo del cortometraje anterior AdoleSER en la categoría Animación de la versión 2021 del Festival Ojo de Pescado fue el impulso inicial, pero para sus realizadores, Alas también es el cierre de un ciclo y el punto cúlmine de su madurez como equipo y cineastas.

El taller de cine a cargo de la profesora de lenguaje Alejandra Méndez tiene una larga historia de trabajo audiovisual y compañerismo. Además de analizar películas y realizar ejercicios cinematográficos, los miembros del cineclub han cultivado un lazo marcado por las experiencias y reflexiones en conjunto. ¿Cómo llegaron al concepto de este cortometraje?

Acto 1 Crisis

Catalina Aguad es la directora de Alas. Es estudiante de cuarto medio del Liceo y está en el cineclub desde primero medio. Junto a un par de compañeros son los miembros más antiguos del taller y realizaron el cortometraje AdoleSER durante el segundo año de pandemia.

La producción de ese corto coincidió con el descubrimiento de un espacio en el liceo donde una colonia de colibríes formó cuatro nidos. Un “oasis”, como lo describe la profesora Alejandra. Catalina dice “nos juntamos en el club de cine, tiramos un tema al azar y vamos sacando ideas. Es algo muy simple, no es tan metódico. Entonces pensamos en los colibríes porque todos los miramos siempre y para continuar con la idea del cortometraje anterior. Partió como algo personal, pero en grupo se desarrolla mejor”.

“El tema con Catalina es que ella padece muchos dolores en su espalda. Ella quería expresar sus procesos de crisis, la posible operación, los dolores. No es una persona que se piense con limitaciones, pero también hay un proceso interno que Catalina está cada vez está más abierta a conversar, que es mucho dolor físico. En un momento me dijo ‘quiero que se vea mi espalda’”, explica la profesora sobre la escoliosis que padece Catalina.

Alrededor de 10 estudiantes participaron en la producción de Alas, el cortometraje que surgió de las íntimas reflexiones de una alumna y que terminó por sellar el lazo que une al cineclub del Liceo Domingo Herrera Rivera de Antofagasta.

Acto 2 Sanación

¿Cómo expresar esas sensaciones? Después de horas de conversación puliendo la idea de libertad y su relación con los colibríes, los miembros del taller comenzaron a pensar esas ideas en imágenes.

“Empezamos a grabar las clases o las conversaciones que teníamos para ayudarnos con eso. Nos pasó que teníamos escenas que nos parecían muy interesantes de filmar, pero en la práctica no se daban como pensábamos”, recuerda Alejandra, agregando que “hicimos un ensayo de guion con hartas ideas, tratar de involucrar los cuerpos de todos y todas en esta conformación de las alas de Catalina, porque creo que también es fundamental contar eso, que en parte la reflexión es cómo con el grupo nos complementamos, nos sanamos, nos reímos, a pesar de tener una serie de eventualidades que suceden”.

Parte de esas eventualidades fue el momento de filmar a los colibríes, una coincidencia dentro del rodaje, pero con una larga historia por detrás. “Esas tomas no las planificamos, las hicimos cuando estábamos conversando en el patio y aparecieron”, dice Catalina. La estudiante cuenta además cómo su familia se ha hecho cargo de ese espacio dentro del establecimiento, y cómo ha evolucionado la relación “con mi familia distinguimos a las madres colibríes, la primera ya ha tenido tres o cuatro generaciones, y ellas no nos tienen miedo porque saben que no les vamos a hacer daño, nos reconocen. A muchos nos dan tranquilidad, nos sacan de lo malo, a veces estoy muy estresada y aparecen y me tranquilizan, es como un mensaje de la naturaleza”.

Otro de los elementos espontáneos de Alas es la decisión de grabar en el desierto, algo que cambió junto a la percepción del dolor de Catalina. “La imagen más drástica es la de lo inerte, lo rígido que no puede cambiar. Originalmente íbamos a grabar en un lugar rocoso, pero después lo trasladamos al desierto, algo que uno ve estático, pero está en constante cambio, para representar al dolor de una forma más apacible”, reflexiona la estudiante.

“No sabíamos cómo ir al desierto y justo nos llamó una productora de Santiago que quería filmar mi experiencia como profesora, así que aprovechamos esa instancia para intercambiar favores, nos pagaron la movilización. Fue mucha la sincronía que se fue dando y ese fue el resultado, honesto y real”, dice Alejandra.

Acto 3 Mis alas

Con su pequeño cuerpo y sus grandes alas lleva la libertad de mi alma, y el sueño de salir de la prisión, de que para ser libres hay que ser gigantes, cuando lo único que necesitas es ser un hada danzante, desde la tierra al cielo y desde mi baile a su vuelo. La alegría y el recuerdo de mi alma en un sueño, muestra danzante con su vuelo – Catalina Aguad.

Una de las particularidades de Alas es la inexistencia de diálogo o narración. Es la recreación del viaje personal que está realizando Catalina y también el ciclo que como colectivo ha vivido el taller de cine de Alejandra, historia que se refleja en la sinceridad y espontaneidad del proceso creativo.

“Habíamos pensado al principio usar varias frases de Catalina. Ella siempre dice frases que nos terminan repercutiendo. Hizo unas prosas relacionadas con el colibrí, la idea era colocar estas frases con las imágenes, pero cuando empezamos con el montaje, nos dimos cuenta de que la imagen hablaba por sí misma, recargarlo con otro estímulo lingüístico carecía de sentido. De hecho, tenemos las grabaciones de sus poemas, pero decidimos omitirlos para que la imagen cobrara la significancia que queríamos”, sostiene Alejandra.

Por su parte, Catalina cuenta “repetimos tantas frases sin querer cuando lo planificamos, que las terminamos mostrando. Sentimientos que intentamos crear con palabras y las hicimos con imágenes. Sacamos muchas cosas al limpio en el proceso, el trabajo en equipo, que no todo tiene que ser perfecto, que hay cosas que uno planea y no siempre salen, pero lo importante es disfrutar. De hecho, de las escenas planificadas del cortometraje, creo que ninguna está, las imágenes que intentamos una hora que salieran perfectas no están, están las imágenes en las que solo nos pusimos frente a la cámara a divertirnos”.

Alejandra y Catalina coinciden en que trabajar en equipo, y específicamente con el cine, ha sido parte fundamental de sus biografías. “Tenemos una mini regla que es como una broma ‘para estar en el taller de cine no puedes ser una persona común que hace todo por norma. Si no eres tú, no puedes estar en el cineclub’. Eso somos, personas diferentes que resaltamos por nuestro espíritu. Trabajar con las imágenes es super delicado, porque uno puede ver muchas cosas, pero capturar la que ensalce lo que yo diga es lo complicado. Trabajar con los tiempos, el montaje, todo eso, entender que cada obra que uno ve tiene un punto de vista, es lo que siente una persona y lo que muestra, sirve para hacerlo uno mismo”, dice la estudiante.

Varios miembros del cineclub, incluida Catalina, egresarán este año de cuarto medio, por lo que para Alejandra, este cortometraje también es el cierre de un ciclo. “Como profesora y participante del club, veo que hay mucha amistad, mucha confianza, hemos vivido procesos juntos y juntas que nos han permitido reconocernos, y en ese proceso de reconocimiento está la libertad y la madurez. Más allá de lo estético o lo que la gente pueda opinar del corto, creo que quedamos bien contentos porque es un proceso de madurez artística, siento que está más pulida la confianza, el equipo, los criterios para decidir, fue una hermosa experiencia” finaliza la docente.

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